La barquita misteriosa
La esposa de un pescador estaba cierta vez triste y desesperada por la tardanza de su esposo, cuando sintió un inmenso calor en todo el cuerpo y reflejo tan grande de la luz de aquel barquito; y luego ella quiso huir hacia su humilde hogar, pero quedo petrificada y una voz débil le dijo: "No habrá mas aflicciones para este sitio, pero pido que mañana, que es día de San Juan, arrojen al mar un niño sin bautizar, a las doce de la noche, o si no, los hombres que fueron a pescar desaparecerán».
La mujer palideció y prometió hacer lo convenido; la barca desapareció rápidamente. Para esto, todas las mujeres comentaban sobre la voz que había salido de la barca. Y una mujer, haciendo el más grande de los sacrificios, tomó a su hijita en sus brazos; la niña estaba moribunda, desahuciada por los médicos; y con gran pena arrojó la criatura al mar.
Inmediatamente una luz hizo estremecer a la mujer: era la explosión de aquella barca que según dicen era de un pirata que estaba condenado y que quiso salvarse haciendo desaparecer a muchos hombres; pero sólo un niño sin pecado podía salvarlo; y es por eso que desapareció para siempre aquella inmensa pena e inquietud de los pescadores, con el sacrificio de la criatura moribunda. Sin embargo, aún hoy, con mucha timidez, van cerca de ese sitio, para ver si sale la barquita mágica, pero la barquita no se asoma. Y dicen que sólo para Semana Santa sale a las doce de la noche y que les da mucho terror.
Teófilo el pescador – El encanto
Cuentan viejos pescadores que desde mucho tiempo atrás, del puerto de San Pedro del distrito de Pariñas – Provincia de Talara, todos los días y a muy tempranas horas de la madrugada numerosos pescadores se hacían a la mar en sus «balsillas» (pequeñas embarcaciones artesanales, confeccionadas de troncos de palillo entrelazadas con soga, una vela de tela de lona gruesa y dos remos en ambos costados que le permitían desplazarse con mayor facilidad), con la finalidad de pescar en especial peje blanco, cabrilla, y ojo de uva, por ser más apreciados por su sabor, tanto para el consumo familiar como en el mercado donde alcanzaban mejores precios y por consiguiente obtenían mejores ingresos.
Como era natural, por tratarse de una actividad riesgosa, por lo general tenían que afrontar serios problemas, pero a veces la situación se les complicaba, sobre todo cuando tenían que enfrentarse a fuertes remolinos con riesgo de perder sus vidas. Por ello a pesar de su desesperación de no poder seguir avanzado a la zona de pesca, no tenían más remedio que regresar, lamentando su mala suerte, para volver a intentarlo al día siguiente y en otras zonas.
Sin embargo, para un personaje la cosa era completamente diferente. Todos los pescadores recuerdan con asombro, la gran suerte que siempre acompañaba a un pescador llamado Teófilo, que a excepción de los demás, era el único que lograba hacer faena, pues regresaba con su pequeña balsilla cargada de pescado. Esta hazaña sin precedentes, era el tema cotidiano de los comentarios que se hacían en el pueblo.
Cuentan los pescadores que cuando salían de pesca, Teófilo sin dar razón alguna como siempre se alejaba de ellos en dirección de la zona del cerro La Capullana. Por lo general siempre se encontraba parado sobre un peñasco, dando la impresión como si se hubieran puesto de acuerdo, porque un negrito con el cordel en la mano y alzando el brazo le indicaba con gran acierto el lugar preciso donde se encontraba el banco de pescado. Por este motivo la pesca de Teófilo era exitosa y en consecuentemente retornaba al puerto con gran exactitud, a las seis de la mañana con su balsilla llena de pescado.
Comenta mucha gente que conoció a Teófilo, que esta suerte que Dios le había concedido le acompañó por muchos años, hasta que un día la noticia de que no había regresado sorprendió a todo el puerto. Según parece a causa de un gigantesco remolino que se lo llevó al fondo del mar. Otros afirman que fue el mar que se apoderó de su cuerpo. Sólo se sabe que parte de su ropa fue encontrada en el interior de una de las cuevas del cerro de La Capullana, donde el ánima de Teófilo permaneció encantado por mucho tiempo.
Refieren que un buen día sus familiares recibieron el Concejo de un curandero experto en asuntos de encantamientos, quién les planteó que la única forma de que Teófilo se libere del «encanto», era llevando un niño recién nacido y moro (sin bautizo) y dejarlo sobre una pequeña balsilla en el lugar donde se hundió el pescador. Para felicidad de sus seres queridos fue así como Teófilo logró liberarse del «encanto». Desde entonces todos los Viernes Santos este «encanto» se manifiesta, pero sólo son los familiares de Teófilo los únicos que llegan hasta la cueva y afirman que en varias oportunidades lo ven con un parecido a la figura de un pastor con su rebaño.
Aseguran también que es así como se ha cumplido la misión que el «encanto» le pidió en agradecimiento y retribución por el buen pescado que generosamente el pescador todos los días ofrendaba al cerro La Capullana.
Leyenda del Cerro de la Viuda
Cuentan que en el Cerro de la Viuda que en el distrito de Sóndor una mujer quedó viuda, y para que no le traiga ningún recuerdo la muerte de su esposo se fue a vivir a la profundidad de un cerro, donde tiene su casa blanca, reses blancas, y alrededor de su casa un hermoso y fragante jardín de rosas blancas, cercado con palos blancos. Le llaman EL CERRO DE LA VIUDA, y no deja que se acerque ninguna mujer.
Dicen que en las lunas llenas, a las doce de la noche, baja del cerro a la ciudad de Sóndor y se pasea por todas las calles vestida de negro; con un tul negro cubre su cabeza , y después de recorrer todo el pueblo ingresa a la iglesia a rezar , volviendo al cerro antes que la aurora aparezca.
En ese lugar, la viuda aproxima a los hombres al jardín y los encanta, siendo difícil escapar de ella.
Cuentan que, cierto día, un hombre dueño de una cantidad de ganado fue a pastarlo, y al darse cuenta que le faltaba una vaca subía y subía hacia el cerro, adentrándose cada vez más. Sin darse cuenta estuvo frente a una manada de vacas, y creyendo que allí estaba la suya se acercó y quedo encantado. Aquel hombre permaneció por un lapso de treinta días dentro de la cueva; luego salió de allí loco, semi desnudo y muy flaco.
Los familiares habían perdido la esperanza de volver a verlo. Por más que lo buscaban no lograban hallarlo, hasta que un día un leñador encontró al hombre perdido y lo llevó amarrado al pueblo de Sóndor. Cuentan que haciendo «mesadas» con los brujos poco a poco se iba restableciendo, y un día menos esperado el hombre recobró la memoria y contó esta historia que he plasmado aquí.
El Cerro de la Viuda, para los sondoreños, prohíbe a los hombres acercarse a él porque puedes sufrir el encanto de la viuda.
Alumna: Alma Mogollón Socola.
Grado: 1º.
I.E: Simón Rodriguez - Amotape - Paita.
Profesora: Santa Luzdina Quispe Hernandez.
Grado: 1º.
I.E: Simón Rodriguez - Amotape - Paita.
Profesora: Santa Luzdina Quispe Hernandez.



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